EL TIEMPO ES UNA RESPONSABILIDAD ENCOMENDADA:
“LA JURISPRUDENCIA DEL EQUILIBRIO ENTRE LO PERMITIDO Y LAS OBLIGACIONES”

Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :
﴾ ¡Juro por el tiempo! Ciertamente, los seres humanos están en la perdición.﴿
(Corán, 103: 1-2)

Siervos de Al-láh: Al-láh, Altísimo sea, juró por el tiempo, que es el período en el que transcurren las obras de los hijos de Adán, que el ser humano se encuentra en perdición, excepto aquellos a quienes Al-láh excluyó, éstos son los creyentes que realizan buenas obras.
Este juramento por sí solo basta para despertar en nosotros un gran significado: el tiempo es nuestro verdadero capital, y quien lo desperdicia ha perdido lo más valioso que posee.
En la balanza del Islam, el tiempo no son simplemente horas que pasan sin rendir cuentas; es la vida misma. Entre las cosas más sorprendentes sobre las que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, nos advirtió está que muchas personas viven distraídas respecto de esta gracia.

Dijo, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él :
“Hay dos bendiciones respecto de las cuales muchas personas están en pérdida: la salud y el tiempo libre”
(Relatado por Al-Bujari).

Quien está en pérdida es aquel que vende algo valioso por un precio insignificante sin darse cuenta. Esa es la situación de muchos de nosotros cuando vendemos las horas de nuestra vida en aquello que no nos aporta beneficio ni en nuestra religión ni en nuestra vida mundanal.

Cuando estemos ante Al-láh el Día de la Resurrección, se nos preguntará por nuestra vida y en qué la empleamos, como se menciona en el hadiz: “Los pies de un siervo no se moverán el Día de la Resurrección hasta que se le pregunte por su vida y en qué la consumió” (Relatado por At-Tirmidhi, quien dijo: hadiz bueno y auténtico).

Por ello, que cada uno se pregunte: ¿en qué se van las horas de mi día?
A pesar de todo esto, el Islam es una religión equilibrada. No prohíbe el descanso ni el disfrute de lo lícito; más bien, nos guía hacia el equilibrio entre la parte de este mundo y la parte de la otra vida.
Al-láh, Altísimo sea, dice:
﴾Gánate el Paraíso con lo que Al-láh te ha concedido, y no te olvides que también puedes disfrutar de lo que Al-láh ha hecho lícito en esta vida ﴿
(Corán, 28:77).

No se nos pide que nos privemos de todo entretenimiento o distracción permitida. Sin embargo, el problema comienza cuando algo lícito pasa de ser un descanso momentáneo a una ocupación que consume largas horas. Entonces vemos a una persona sentada frente a una pantalla durante mucho tiempo, gastando su energía y sus emociones en algo que no le suma ninguna buena obra ni le beneficia en su vida mundanal.
El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, nos orientó hacia la grandeza de aspiraciones en todos nuestros asuntos, cuando dijo:
“Al-láh ama las cosas elevadas y detesta las cosas insignificantes”
(Relatado por At-Tabarani y considerado bueno por Al-Albani).

Quien tiene una aspiración elevada se aparta de todo aquello que consume su tiempo sin construir nada para sí mismo ni para su otra vida.
Lo más peligroso es que esta ocupación puede crecer hasta competir con las mismas obligaciones.
¡Cuántas oraciones se retrasan de su horario! ¡Cuántos derechos de la esposa, de los hijos o de los padres se descuidan por ocuparse en aquello que no tiene provecho!

Al-láh, Altísimo sea, no acepta que una obligación sea reemplazada por otra cosa, ni una obra voluntaria ni un entretenimiento pasajero pueden anteponerse a ella.

Por eso, Umar ibn Al-Jattab, que Al-láh esté complacido con él, detestaba el tiempo libre que no se aprovecha y decía: “Detesto ver a un hombre desocupado, ni en una obra de este mundo ni en una obra para la otra vida”.
El verdadero musulmán es siempre productivo, organiza sus prioridades y da a cada uno su derecho: a su cuerpo, su descanso; a su familia, su tiempo; a su Señor, sus oraciones a su debido tiempo y en congregación; y a su trabajo y a su desarrollo personal, la parte que les corresponde.

La regla que debe regir el equilibrio del musulmán entre estos dos asuntos es clara: lo permitido nunca debe anteponerse a lo obligatorio, por más inocente o pasajero que parezca. Las cosas permitidas son lícitas en su origen, pero cuando consumen el tiempo que corresponde a una obligación o a un derecho obligatorio, pasan de ser algo permitido a convertirse en negligencia.

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, nos orientó hacia esta balanza precisa cuando dijo:
“Parte de la excelencia del Islam de una persona es abandonar aquello que no le concierne”
(Relatado por At-Tirmidhi, quien dijo: hadiz bueno).

El musulmán prudente evalúa toda actividad permitida según la balanza de las prioridades:
¿compite con una obligación o viene después de ella y dentro de sus límites? Si compite con ella, da prioridad a la obligación sin vacilar; y si viene después, puede disfrutarla sin excesos.

Por ello, cuando te dispongas a disfrutar de un entretenimiento permitido, ponte un límite que no debes sobrepasar. Pregúntate antes de ocuparte: ¿he cumplido mis obligaciones?
¿He realizado mis oraciones? ¿Esto me acerca a la complacencia de Al-láh o me distrae de ella?
Recuerda que el verdadero triunfo es el que Al-láh, Altísimo sea, describió al decir:
﴾Quien sea salvado del Fuego e ingresado al Paraíso habrá realmente triunfado, porque la vida mundanal es solo un placer ilusorio. ﴿
(Corán, 3:185).

Haz de esto con tu criterio en todo aquello que emprendas en los asuntos de tu vida mundanal.
Pedimos a Al-láh que bendiga nuestro tiempo, que nos conceda saber establecer correctamente nuestras prioridades y que no permita que ninguna de las cosas permitidas se convierta en una barrera entre nosotros y nuestras obligaciones.


Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.