
LA GUÍA DEL MENSAJERO DE AL-LÁH RESPECTO A LOS VECINOS,
QUE LA PAZ Y LAS BENDICIONES DE AL-LÁH SEAN CON ÉL
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :
﴾ Adoren solamente a Al-láh y no dediquen actos de adoración a otros. Hagan el bien a sus padres, a sus familiares, a los huérfanos, a los pobres, a los vecinos parientes y no parientes, al compañero, al viajero insolvente y a quienes están a su servicio..﴿ (Corán, 4: 36)
La recomendación respecto al vecino aparece en esta aleya en el contexto de grandes derechos: el derecho de Al-láh, luego el de los padres, los parientes, los huérfanos y los necesitados. Esto demuestra que la convivencia con el vecino no es una relación social pasajera, sino un derecho que ocupa un lugar importante en el Islam.
Durante las últimas semanas hemos “entrado” en la casa del Mensajero de Al-láh صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, y lo hemos visto como esposo, padre, abuelo y pariente. Hoy salimos de aquella casa dando apenas un paso, hasta la puerta, las escaleras y quienes viven a nuestro alrededor.
Aishah, la madre de los creyentes, que Al-láh esté complacido con ella, dijo que el Profeta صلى الله عليه وسلم, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo:
«Yibril me insistió tanto en el buen trato con mi vecino, que llegué a pensar que lo haría heredero».
(Al-Bujari y Muslim)
Esta forma tan enfática en la recomendación del buen trato, demuestra que el derecho del vecino no es simplemente una conducta voluntaria que una persona practica cuando tiene ganas, sino una forma de adoración por la que será preguntada: por sus palabras, por su comportamiento, por la manera en que transita por los espacios compartidos y por cómo protege la tranquilidad de quienes la rodean.
El primer derecho del vecino es sentirse a salvo de tu comportamiento. No es coherente que una persona busque realizar buenas obras lejanas y, al mismo tiempo, las personas más próximas a su puerta sufran por causa de ella.
El daño puede manifestarse de muchas maneras: un ruido excesivo al regresar de la mezquita, obstaculizar o incomodar en una entrada compartida, molestar durante las horas de descanso, o permitir que los hijos hagan cosas que uno mismo no aceptaría si alguien se las hiciera a él.
El Profeta , صلى الله عليه وسلم ,que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo:
“¡Por Al-láh, no cree! ¡Por Al-láh, no cree! ¡Por Al-láh, no cree!”.
Le preguntaron: “¿Quién, Mensajero de Al-láh?”.
Respondió: “Aquel cuyo vecino no está a salvo de sus perjuicios”.
(Al-Bujari)
La Sunnah (tradición profética) no se limitó a prohibir el daño, sino que también exhortó a la persona a acordarse de su vecino con aquello que Al-láh le ha concedido, aunque sea algo sencillo.
El Mensajero de Al-láh , صلى الله عليه وسلم ,que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, le dijo a Abu Dharr, que Al-láh esté complacido con él:
“¡Oh, Abū Dharr! Cuando cocines un caldo, aumenta su agua y ten en cuenta a tus vecinos”.
(Muslim)
Sin embargo, la bondad debe expresarse de una manera que las personas comprendan y reciban con tranquilidad. Algo que puede ser bien recibido en un determinado lugar podría resultar extraño en un barrio donde tenemos puertas contiguas, subimos por las mismas escaleras y convivimos con personas que no realizan nuestra misma oración ni hablan nuestra misma lengua.
Por ello, la sabiduría consiste en comenzar por aquello que no genera incomodidad ni extrañeza: el saludo, la sonrisa, el respeto por la privacidad, evitar causar molestias y ayudar cuando se nos necesita. Luego, la relación puede avanzar gradualmente hacia
preguntar por el vecino, ofrecerle un regalo, visitarlo o compartir alimentos, según lo que resulte apropiado.
El objetivo no es imitar una determinada costumbre, sino transmitir la bondad de una manera que no contradiga la legislación islámica ni haga sentir incómodas a las personas que nos rodean.
La diferencia de religión o de costumbres no elimina la justicia ni la bondad.
Al-láh, exaltado sea, dice:
﴾Al-láh no les prohíbe hacer el bien y tratar con justicia a quienes no los han combatido por causa de la religión ni los han expulsado de sus hogares, porque Al-láh ama a los que actúan con justicia.﴿.
(Corán, 60:8)
Entre las manifestaciones de la comprensión que tuvieron los compañeros respecto de este principio se encuentra lo que se narró de Mujahid. Dijo:
“Estaba con ‘Abdullah ibn ‘Amr, que Al-láh esté complacido con ambos, mientras su sirviente estaba despellejando una oveja.
Entonces le dijo: “¡Muchacho! Cuando termines, comienza por nuestro vecino judío”.
Luego mencionó que el Mensajero de Al-láh , صلى الله عليه وسلم ,que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo:
“Yibrīl no dejaba de recomendarme al vecino hasta que llegué a pensar que lo haría heredero”.
(Abu Dawud y At-Tirmidhi, quien lo calificó como hasan garib)
Así, el derecho del vecino permanecía vigente incluso cuando existía una diferencia de religión.
Puede ocurrir que, para algunas personas, lo más cercano que lleguen a conocer del Islam sean las cualidades y el comportamiento de quienes viven a su lado.
Por lo que no tratamos bien a las personas para aparentar ni por un interés pasajero, sino porque Al-láh nos ha ordenado aplicar la bondad y la justicia.
Sin embargo, la sinceridad en el trato permite que los demás conozcan esta religión sin necesidad de discursos: cuando el vecino encuentra a alguien que respeta sus derechos, que respeta la puerta de su casa, que se disculpa cuando comete un error y que no utiliza las diferencias como pretexto para cometer injusticias.
También es importante que nuestras prácticas religiosas no se conviertan en una causa de perjuicio para los demás.
Ir a la mezquita, reunirse para realizar actos de bien y celebrar acontecimientos son acciones permitidas y, en muchos casos, recomendables. Pero ello no nos permite bloquear las calles, elevar el volumen de manera perjudicial ni dejar los espacios comunes en condiciones inapropiadas.
La misma religión que nos ordenó rezar es la religión que nos ordenó respetar los derechos del vecino.
Cuando regresemos a nuestros hogares, basta con que cada uno de nosotros se haga algunas preguntas:
¿Quién es mi vecino?
¿Está seguro de mi comportamiento?
¿He causado yo, o alguien de mi familia, algún perjuicio?
¿Alguna vez necesitó mi ayuda mientras yo tenía la capacidad de ayudarlo?
Seguir el ejemplo del Mensajero de Al-láh , صلى الله عليه وسلم ,que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, no se manifiesta únicamente dentro del hogar o en la mezquita.
También se manifiesta en la puerta de nuestra casa, en las escaleras y en nuestra relación con aquellos que Al-láh ha dispuesto que vivan a nuestro lado.
Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.
