
MUHAMMADصلى الله عليه وسلم , EL MENSAJERO
Pruebas de su veracidad y significado de su misión
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :
﴾ En el Mensajero de Al-láh hay un bello ejemplo para quienes tienen esperanza en Al-láh, [anhelan ser recompensados] en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a Al-láh.﴿
(Corán, 33: 21)
Hermanos:
Después de haber conocido a Muhammad ,صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, como ser humano, nos encontramos hoy ante una pregunta que abre la puerta a toda la fe:
¿por qué creemos que él es un Mensajero enviado por Al-láh?
El creyente no teme una pregunta sincera, porque Al-láh nos ha dado una razón con la cual reflexionar y un corazón que busca la verdad.
Muhammad , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, no apareció de repente en un lugar donde nadie lo conocía, sino que vivió entre su pueblo durante cuarenta años, con una vida pública y conocida. Conocían su linaje, su veracidad y su honestidad; conocían su manera de tratar a las personas en las compras y las ventas, tanto en los momentos de satisfacción como en los de enojo.
Por eso, cuando anunció que Al-láh lo había enviado, no pudieron extraer de su pasado una sola mentira con la cual destruir su mensaje.
En la historia de Heraclio encontramos un ejemplo extraordinario. Heraclio preguntó a Abu Sufyan acerca de Muhammad , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, y Abu Sufyan en aquel momento era uno de sus enemigos.
Heraclio le preguntó:
—¿Acaso lo acusabais de mentir antes de que dijera lo que ahora afirma?
Abu Sufyan respondió:
—No.
Entonces Heraclio dijo:
—No podía dejar de mentir a la gente para luego mentir sobre Al-láh.
Esta fue una declaración de veracidad proveniente de un adversario que todavía no había
creído en él.
Ellos discrepaban con Muhammad , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, respecto a su misión profética, pero continuaban reconociéndolo como Al-Amín, el digno de confianza. Incluso los bienes que la gente le confiaba permanecieron bajo su custodia.
Cuando emigró, dejó a Ali —que Al-láh esté complacido con él— encargado de devolverlos a sus respectivos dueños.
Es decir, sus enemigos combatieron su mensaje, pero confiaban en sus manos y en su honestidad.
Hermanos:
Quien observa el primer momento de la revelación comprende la enorme responsabilidad que el Mensajero de Al-láh , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, asumió. No regresó de la cueva de Hira orgulloso, diciendo:
“Me he convertido en un líder o en un rey”. Por el contrario, volvió estremecido por la grandeza de lo que había presenciado y dijo:
“¡Cúbranme! ¡Cúbranme!”
Y allí apareció el testimonio de la persona más cercana a él. Jadiya —que Al-láh esté complacido con ella— quien le dijo:
“¡No! ¡Por Al-láh! Al-láh jamás te deshonrará. Tú mantienes los lazos de parentesco, }
dices la verdad, ayudas a los necesitados, recibes al huésped y ayudas ante las adversidades de la verdad”.
Jadiya no necesitó pronunciar un largo discurso, porque conocía a aquel hombre en el hogar, durante los viajes y en los negocios. Y confirmó su veracidad a partir de su carácter.
Una persona que había pasado toda su vida ayudando al afligido, sosteniendo al débil y diciendo la verdad a la gente, no podía transformarse de una noche a la mañana en un mentiroso contra Al-láh.
La misión profética tampoco fue un camino hacia la comodidad o la riqueza. Antes de ella, Muhammad , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, vivía seguro en La Meca. Pero cuando proclamó su mensaje, fue objeto de burlas, persecución, hostigamiento y bloqueo. Perdió a su esposa y a su tío, fue expulsado de la tierra que más amaba y vio cómo sus compañeros eran torturados. Y después que Al-láh le otorgó la victoria continuó viviendo una vida sencilla.
Si hubiera buscado dinero o fama, habría abandonado su misión cuando la adversidad se hizo intensa, o habría acaparado las riquezas de este mundo cuando su poder se consolidó. Pero permaneció tal como había comenzado: siendo un siervo de Al-láh.
Se sentaba en el último lugar disponible en la reunión, ayudaba a su familia y murió mientras su armadura estaba empeñada a cambio de alimentos que había tomado para su familia.
Sus circunstancias cambiaron, pero ni su mensaje ni su sencillez cambiaron.
Entre las pruebas de su veracidad está también el Corán que transmitió a la humanidad.
Era iletrado: no leía un libro ni lo escribía con su propia mano. Sin embargo, llegó con una Palabra que se recita en los lugares de oración y que establece la creencia, la adoración, la moral, la familia y la sociedad.
El Corán no convirtió a Muhammad , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, en un dios ni en una figura semidivina. Por el contrario, en ocasiones descendió para corregir algunas de sus decisiones o reprenderlo,
y él transmitió aquello a la gente tal como transmitía los versículos que contenían elogios.
Un mentiroso normalmente ocultaría aquello que lo reprende. Sin embargo, el Mensajero fiel transmitió las palabras perfectas de Al-láh:
«[¡Oh, Muhámmad!] Frunciste el ceño y le diste la espalda al ciego cuando se presentó ante ti».
(Corán, 80:1-2)
Y transmitió también:
«¡Que Al-láh te disculpe [¡Oh, Muhámmad!]! ¿Por qué los has eximido sin antes corroborar quiénes decían la verdad y quiénes estaban mintiendo? »
(Corán, 9:43)
Porque él no tenía derecho a eliminar de la revelación aquello que no coincidiera con sus
propios deseos.
El Corán resumió el significado de su misión , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, en unas palabras extraordinarias.
Al-láh, Altísimo sea, dice:
«Y no te hemos enviado sino como misericordia para los mundos».
(Corán, 21:107)
Y el propio Profeta , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo:
“Ciertamente, yo soy una misericordia otorgada”.
Por lo tanto, su misión no fue una forma de dominar a las personas ni una búsqueda de gloria personal. Fue una misericordia que guía las mentes hacia el monoteísmo, purifica los corazones mediante las buenas cualidades y mejora la relación del ser humano con su Señor, con su familia y con su sociedad.
Otro de los signos de su veracidad es el efecto que su mensaje produjo en las personas.
El Islam entró en corazones divididos y los unió; transformó la venganza en perdón, el fanatismo tribal en hermandad y la adoración de las criaturas en adoración al Creador.
Su mensaje no era un lema ambiguo, sino un significado claro:
Que conozcas a Aquel que te creó, que Lo adores únicamente a Él, que seas veraz, honesto, misericordioso y puro , y que concedas a cada persona su derecho.
Por eso, cuando Heraclio preguntó a Abu Sufyan:
—¿Qué os ordena?
Abu Sufyan respondió:
—Nos ordena la oración, la veracidad, la castidad, el cumplimiento de los pactos
y devolver los bienes confiados.
Entonces Heraclio dijo:
“Estas son las características de un profeta”.
Aquí debemos comprender que las pruebas de la profecía no son simplemente informaciones que permanecen en la mente, sino una luz que debe trasladarse al comportamiento.
Quien reconoce que este Profeta , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, es veraz en lo que transmite, sabe que su guía es una responsabilidad que lleva sobre sus hombros. Y comprende que el amor por él no se completa simplemente elogiándolo, sino cuando ese amor se manifiesta en la veracidad, la misericordia y el cumplimiento de los
compromisos.
Decir “Muhammad es el Mensajero de Al-láh” no es simplemente una frase que
memorizamos, sino un compromiso que debemos vivir.
Si creemos en su veracidad, debemos ser veraces.
Si creemos en su honestidad, debemos cumplir con aquello que se nos confía.
Y si amamos su mensaje, no podemos anteponer nuestros deseos personales a su guía.
Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.
