
“GLORIFICADO Y ALABADO SEA AL-LÁH :
EL CAMINO DEL CORAZÓN HACIA LA COMPLACENCIA”
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :
﴾ Ten paciencia ante sus injurias, y glorifica con alabanzas a tu Señor antes de la salida del Sol y antes del ocaso, durante la noche y durante los extremos del día, para que así [Al-láh te retribuya con una gran recompensa y] quedes complacido.﴿
(Corán, 20: 130)
Siervos de Al-láh: Este noble versículo nos muestra un camino claro hacia la complacencia (ar-rida). Comienza mencionando aquello que suele herir al ser humano:
Por eso Al-láh dice: «Ten paciencia ante sus injurias… » y concluye con la meta a la que aspira todo corazón: «para que así [Al-láh te retribuya con una gran recompensa y] quedes complacido.».
Entre el comienzo y el final hay una sola orden:
«y glorifica con alabanzas a tu Señor antes de la salida del Sol y antes del ocaso ».
Al-láh no ordenó a Su siervo cambiar todo lo que ocurre a su alrededor; más bien le ordenó mantener su corazón unido a Él, Glorificado y Exaltado sea. Esa conexión con Al-láh es la causa de la tranquilidad del corazón, aun cuando las circunstancias sean difíciles y turbulentas.
Muchas personas creen que la complacencia solo llega cuando cambian las circunstancias:
cuando termina el problema, mejora la situación o se alcanza aquello que se desea. Sin embargo, la realidad es que la complacencia es mucho más el fruto del conocimiento de Al-láh que el resultado del cambio de las circunstancias. Una persona puede poseer muchas cosas y seguir con el corazón intranquilo con preocupaciones y angustias; otra puede perder algo valioso y, aun así, mantiene su corazón estable, porque la complacencia nace del interior del corazón y no de las condiciones externas de la vida.
Lo primero que construye esa complacencia es el tasbih (la glorificación de Al-láh). El significado de decir «Subhán Al-láh» (Glorificado sea Al-láh) es declarar que Al-láh está libre de toda imperfección, injusticia o arbitrariedad, y reconocer que Él es Sabio en todo lo que decreta, aunque nosotros no alcancemos a comprender Su sabiduría.
Cuando el creyente dice: «Subhán Al-láh», en realidad le está diciendo a su Señor: “Estoy sufriendo, pero sé que Tú no eres injusto conmigo.”
Esta sencilla expresión posee una recompensa inmensa. El Profeta, que la paz y las bendiciones de
al- áh sean con él, صلى الله عليه وسلم dijo:
“Hay dos palabras livianas para la lengua, pesadas en la balanza y amadas por el Misericordioso: “Subhán Al-láhi wa bihamdih, Subhán Al-láhil-‘Adhím” (Glorificado y alabado sea Al-láh; Glorificado sea Al-láh, el Grandioso).”
(Transmitido por Al-Bujari, 6406, y Muslim, 2694).
Son palabras fáciles de pronunciar, pero tendrán un enorme peso en la balanza de las buenas obras el Día de la Resurrección.
Además, cuando el creyente glorifica a Al-láh, no lo hace solo, sino que participa en una adoración que comparte todo el universo.
Al-láh Todopoderoso dice:
« Lo glorifican los siete cielos, la Tierra y todo cuanto hay en ellos. No existe nada que no Lo glorifique con alabanzas, aunque ustedes no puedan percibir sus glorificaciones. Él es Magnánimo, Perdonador. »
(Corán, 17:44).
Los cielos glorifican a Al-láh, la Tierra Lo glorifica y toda criatura glorifica y alaba a su Señor. No es propio que el corazón del creyente permanezca distraído del recuerdo de Al-láh mientras vive en un universo entero que Lo recuerda constantemente.
Junto al tasbih aparece también el hámd (la alabanza):
«Y glorifica con alabanzas a tu Señor.»
La glorificación declara que Al-láh está libre de toda injusticia, mientras que la alabanza nos recuerda las bendiciones que aún conservamos. En momentos de angustia, el ser humano suele olvidar las innumerables gracias que posee y concentrarse únicamente en aquello que ha perdido. La alabanza le devuelve una visión equilibrada de su vida, impidiéndole reducir toda su realidad a un solo problema y olvidar el bien que todavía lo rodea.
Un ejemplo práctico del efecto del recuerdo de Al-láh para aliviar las cargas de la vida es lo que ocurrió con Fátima (que Al-láh esté complacido con ella). Ella se quejó ante el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, صلى الله عليه وسلم del agotamiento que le causaba moler el grano y le pidió un sirviente. Entonces él le dijo a ella y a Alí (que Al-láh esté complacido con ambos):
“¿Acaso no he de indicarles algo mejor que aquello que me han pedido? Cuando vayan a acostarse, digan: “Al-láhu Akbar” treinta y cuatro veces, “Alhámdu lilláh” treinta y tres veces y “Subhán Al-láh” treinta y tres veces; eso será mejor para ustedes que un sirviente.”
(Transmitido por Al-Bujari, 5361, y Muslim, 2727).
Así, el Mensajero de Al-láh, que la paz y la misericordia de Al-láh sean con él, صلى الله عليه وسلمles enseñó que un corazón unido a Al-láh ayuda a sobrellevar las cargas de la vida más que cualquier
ayuda material.
Este recuerdo de Al-láh no debe limitarse a los momentos de dificultad, sino que ha de convertirse en un hábito cotidiano, tal como señala el versículo:
«Antes de la salida del sol, antes de su ocaso, durante parte de la noche y en los extremos del día.»
Procuremos, pues, tener una porción diaria de tasbih, pronunciándolo con reflexión y conciencia, y no solo de manera apresurada. El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh, صلى الله عليه وسلم dijo:
“Quien diga: “Subhán Al-láhi wa bihámdih” cien veces en un día, le serán borrados sus pecados, aunque fueran tan abundantes como la espuma del mar.”
(Transmitido por Al-Bujari, 6405, y Muslim, 2691).
No hagamos depender nuestra complacencia de que el mundo entero cambie conforme a nuestros deseos, porque eso no siempre sucederá. Más bien, hagamos que nuestros corazones se aferren a Quien gobierna este mundo con perfecta sabiduría y misericordia.
Si nos lastiman las palabras de la gente, aumentemos nuestro tasbih. Si las dificultades nos agobian, recordemos las bendiciones mediante el Alhámdu lilláh.
Cuando actuemos de ese modo, los problemas no desaparecerán necesariamente, pero los enfrentaremos con un corazón sereno, confiado en su Señor, y transitaremos nuestro camino con tranquilidad, firmeza y paz.
