
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo sea, en el Sagrado Corán:
«El Corán guía por el sendero más justo y firme, y albricia a los creyentes que obran rectamente que recibirán una gran recompensa.» (Corán, 17:9)
Siervos de Al-láh: En nuestra jutba anterior hablamos sobre la importancia del sagrado Corán en nuestras vidas, e invocamos a Al-láh para que lo haga la primavera de nuestros corazones, el alivio de nuestras preocupaciones y tristezas.
Hoy continuamos esta reflexión para profundizar en un aspecto no menos
importante -es, de hecho, el fruto de esa primavera y de ese alivio- : ¿cómo puede ser el Corán el carácter de una persona? ¿Cómo puede el Corán convertirse en una guía de vida, cuyo efecto se vea reflejado en nuestra conducta y nuestras interacciones con los demás?
Hermanos y hermanas, el Corán no es simplemente palabras que se recitan, ni versos que se memorizan, ni bendiciones que se buscan, ni un adorno decorativo que se cuelga.
¡No, por Al-láh! El Corán es una luz que guía al camino recto, es sanación y cura para lo que hay en los corazones, es solución a todos los problemas que
enfrenta el ser humano en esta vida y en la otra.
Es un modo de vida completo, un conjunto de valores humanos grandiosos que deben manifestarse en el comportamiento del musulmán. Y esto, especialmente en nuestras sociedades actuales, que necesitan ver el Islam como una realidad vivida, no solo como un discurso, sino como acciones concretas, y no solo como teorías.
Del abandono a la lectura, de la lectura a la comprensión, y de la comprensión a la puesta en práctica.
¡Oh musulmanes! Nuestra relación con el Corán debe ser una relación viva, renovada y en constante ascenso en sus niveles.
Si una persona ha abandonado el Corán, que comience por la lectura, pues el primer paso para hacer del Corán nuestro carácter es acercarse a él con la recitación.
Dijo el Mensajero de Al-láh (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él): “Recitad el Corán, porque él intercederá por compañeros (quien lo lee o lo recite) el Día del Juicio” (Sahih Muslim).
¿Es razonable que tengamos esta luz grandiosa y, sin embargo, estemos alejados de ella? Si ya eres lector del Corán, debes pasar al siguiente nivel: comprender el significado de lo que lees, porque el objetivo de la lectura no es simplemente mover la lengua sin reflexión.
Dijo Al-láh, el Altísimo:
«¿Acaso no meditan en el Corán, o es que sus corazones están cerrados con cerrojos?»
(Corán, 47: 24).
La comprensión es la llave de la acción. ¿Cómo aplicaremos lo que no entendemos?
Los piadosos predecesores (los salaf), que Al-láh esté complacido con ellos, no pasaban de diez versículos sin antes comprender su significado y actuar según ellos. Esta es la comprensión profunda que transforma los corazones y las conductas.
Y si ya comprendes lo que lees, debes ascender al nivel de llevar a cabo la práctica de ese
conocimiento.
Hermanos: El objetivo final de leer y comprender el Corán es que este libro
grandioso se establezca en nuestras vidas y en nuestros corazones como un 2
amigo consejero, como un guía fiel. Cada vez que nos ocurra una dificultad, se nos presente un problema o necesitemos orientación, debemos buscar la solución en sus versículos y alumbrarnos con su luz.
El Corán no es solo un libro para recitar, sino un tejido del cual se confecciona la vestimenta de la buena moral, una constitución sobre la que se construye la personalidad e identidad del musulmán.
El musulmán debe embellecerse con la moral del Corán y manifestar sus
nobles valores en todos sus comportamientos. El Islam no se refleja únicamente
en las palabras, sino en los actos y conductas que expresan la esencia de esta
religión.
Hoy en día, el musulmán se encuentra en una situación y lugar de gran responsabilidad, en una prueba difícil: cuántas personas han amado el Islam por el buen carácter de un musulmán, y cuántas se han alejado de la religión de Al-láh por el mal comportamiento de algunos que se atribuyen a ella. Se ve entre ellos al extremista y al fanático, cuando el Corán nos llama a la moderación, al equilibrio, al alejamiento de todo tipo de exageración, y nos llama a la tolerancia, al perdón, a la paciencia y a la sabiduría.
Estos son valores fundamentales que interesan a toda sociedad -musulmana o no musulmana- y que muestran la misericordia y la facilidad del Islam.
Dijo Al-láh, el Altísimo:
«Hice de ustedes una comunidad moderada y justa, a fin de que fueran testigos ante la humanidad, y fuera el Mensajero testigo de ustedes.» (Corán, 2: 143).
Y dijo también:
«[¡Oh, Muhámmad!] Ante todo, elige perdonar, ordena el bien y apártate de quienes se comportan contigo en forma ignorante.» (Corán 7: 199).
Y hay muchas otras aleyas que muestran los grandes valores humanos a los que llama el Corán. Él nos educa en la honestidad y la veracidad, en el cumplimiento de los compromisos, en dominar la ira y perdonar a las personas. Nos educa para ser predicadores con nuestros actos antes que con nuestras palabras, y que nuestras buenas conductas sean testigos de nuestra fe en esta vida y la otra.
La sociedad en la que vivimos hoy en día -con todas sus diferencias y diversidad de culturas, religiones y creencias- no necesariamente se conmueve al escuchar el Corán recitado con una voz melodiosa, pero sí se impresiona y se alegra al ver el Corán manifestándose en la vida diaria del musulmán, en todos sus detalles: en su trabajo y en su conocimiento, en el todo trato comercial de compra y venta y en su trato, en su carácter y en su comportamiento.
Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.
