“EL EQUILIBRIO Y LA MODERACIÓN EN EL ISLAM”

Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie
con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y
mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles
compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Al-láh, El Altísimo, dice en el Generoso Corán:
“Gánate el Paraíso con lo que Al-láh te ha concedido, y no te olvides que también puedes
disfrutar de lo que Al-láh ha hecho lícito en esta vida. Sé generoso [con tu prójimo] como
Al-láh lo es contigo, y no contamines la tierra; Al-láh no ama a los que contaminan [a
sabiendas]” (Corán, 28:77)
Al-láh Todopoderoso, ha distinguido al ser humano con grandes cualidades, lo ha designado
como sucesor en la tierra y le ha confiado responsabilidades significativas.
Una de las perfecciones de esta noble ley (la Sharía) es que abarca todos los
aspectos de la vida del ser humano: no ha dejado ningún ámbito sin abordarlo
ni necesidad sin señalar su camino. Uno de los principios más sublimes que
nos enseña esta religión es el del equilibrio y la moderación en todos los
asuntos de la vida.
Hermanos queridos: el equilibrio no es solo una opción, sino una necesidad
urgente y un pilar fundamental para la rectitud del individuo y la sociedad.
Esta vida mundanal es un lugar de prueba, de encanto y de fugacidad.
Al-láh creó en ella al ser humano, le ordenó adorarlo y poblar la tierra, lo que
requiere que vivamos una vida equilibrada, sin excesos ni negligencias, sin
extremismo ni abandono.
¿Por qué es necesario el equilibrio en la vida del musulmán?

Primero: Porque es un método divino.
Al-láh describió a esta comunidad como una comunidad equilibrada.
Dijo Altísimo sea:
“Hice de ustedes una comunidad moderada y justa, a fin de que fueran testigos ante la
humanidad, y fuera el Mensajero testigo de ustedes. ” (Corán, 2:143)
La moderación significa equilibrio en todo: en la creencia, en la adoración, en el trato y en
la ética.
Segundo: Porque corresponde a la naturaleza humana.
La naturaleza sana del ser humano se inclina al equilibrio. El extremismo en cualquier
aspecto de la vida conduce al desequilibrio psicológico y social. Dar a cada cual su derecho
aporta serenidad y tranquilidad.
Tercero: Para preservar los derechos.
El verdadero musulmán equilibra entre los derechos de su Señor, los de sí mismo, de su
familia y de su comunidad. No prioriza un lado a costa del otro ni descuida un derecho en
favor de otro. Al-láh nos ordenó adorarle, pero no nos mandó abandonar el mundo ni
desconectarnos de la vida. Más bien, nos ordenó buscar Su favor, trabajar para el Más Allá
como si fuéramos a morir mañana y trabajar para este mundo como si fuéramos a vivir
eternamente.
¡Cuántas personas han exagerado un aspecto y han descuidado otros! Algunos se
dedicaron completamente a la adoración, descuidando a su familia y su trabajo. Otros se
enfocaron solo en la vida mundana y olvidaron su Más Allá. Algunos se sumergieron en el
conocimiento religioso sin actuar en consecuencia. Otros se limitaron a lo externo sin
purificar lo interno. Todo esto es falta de equilibrio, y conduce al daño y al desorden.
Hermanos: el Mensajero de Al-láh (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
él) nos dio los mejores ejemplos de moderación.
Adoraba a su Señor como corresponde, oraba por la noche hasta que se le
hinchaban los pies, ayunaba durante el día, y aun así era el mejor esposo para
sus esposas y el mejor padre para sus hijos. Solía bromear pero solo decía la
verdad. Comía, bebía y trataba con la gente, pero nunca olvidó su misión y su
llamado.
(Ese es el equilibrio verdadero al que debemos aspirar en nuestra vida).
Siervos de Al-láh: Lograr el equilibrio en la vida del musulmán requiere
conciencia, voluntad y esfuerzo.
Se puede resumir en los siguientes puntos:

  1. Equilibrio entre los derechos de Al-láh, de uno mismo y de los demás:
    El musulmán cumple con las obligaciones religiosas, pero también se concede descanso,
    alimento y entretenimiento lícito. Atiende a su familia con afecto y cumple su papel
    positivo en la sociedad.
  2. Equilibrio entre las necesidades del alma y del cuerpo:
    El ser humano está compuesto de alma y cuerpo. Necesita alimento espiritual mediante la
    adoración, el recuerdo de Al-láh y la lectura del Corán, y alimento físico mediante el
    descanso, la comida y la bebida. Descuidar uno de estos aspectos afecta negativamente al
    otro.
  3. Equilibrio entre esta vida y la otra:
    No es correcto que el musulmán descuide su vida mundana en nombre de la dedicación al
    Más Allá, ni que se sumerja en el mundo y olvide su destino eterno.
    Debe esforzarse por ganarse la vida lícita, usando este mundo como un medio para
    alcanzar el Más Allá, tal como dijo Al-láh Todopoderoso:
    “Gánate el Paraíso con lo que Al-láh te ha concedido, y no te olvides que también puedes
    disfrutar de lo que Al-láh ha hecho lícito en esta vida.” (Corán, 28:77).
  4. Equilibrio en la adoración:
    Nuestra religión no es una religión de monacato ni de abandono. Es una religión de
    facilidad y tolerancia.
    Las mejores obras son las constantes, aunque sean pocas.
    El equilibrio en la adoración aleja del fastidio y asegura la continuidad.
  5. Equilibrio en los sentimientos:
    El islam nos enseña a controlar nuestras emociones. No debe haber exceso en el amor ni
    odio extremo. Ni desesperación ni alegría arrogante.

Temamos a Al-láh, musulmanes, y esforcémonos por alcanzar el equilibrio en
todos los aspectos de nuestra vida.
En el equilibrio está el secreto de la felicidad, la clave del éxito, con él
alcanzamos el agrado de nuestro Señor y conseguimos la rectitud en esta vida
y en la otra.

Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.