LECCIONES DE LA HÉGIRA:
LA CONSTRUCCIÓN DE LA MEZQUITA

Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.

Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :
﴾ “Sabe que una mezquita construida con piedad desde el primer día es más digna de que ores en ella, pues allí hay gente que desea purificarse, y Al-láh ama a quienes se purifican.“﴿
(Corán, 9: 108)

La Hégira del Profeta no es solamente un acontecimiento que leemos en los libros de la biografía profética, sino una escuela de la que aprendemos cómo comienza la reforma y cómo se construye la vida del musulmán sobre bases correctas.
En las semanas pasadas hablamos sobre algunas lecciones de la Hégira y corregimos ciertos conceptos erróneos, entre ellos que no ocurrió en el mes de Muhárram. Luego hablamos sobre el día de Ashura, sus virtudes y el mérito de ayunarlo.
Lo que observamos en la Hégira, queridos hermanos, es que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, no comenzó la construcción de la nueva sociedad con el dinero, ni con el mercado, ni con las viviendas, aunque

las personas necesitaban todo ello. Comenzó con la mezquita, porque cuando el corazón se reforma, las obras se reforman después de él; y cuando las personas se vinculan con Al-láh, sus vidas se enderezan.
La construcción de la mezquita no fue algo secundario durante el viaje. Cuando el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, llegó a Qubá, la Mezquita de Qubá fue uno de los primeros símbolos de la Hégira. Luego, cuando entró en Medina, su primera preocupación no fue descansar del cansancio del viaje ni buscar comodidad para su cuerpo después de un largo recorrido, sino elegir el lugar de la mezquita. Dejó que su camella avanzara hasta que se detuvo donde Al-láh quiso, y ese lugar se convirtió en el emplazamiento de la Mezquita del Profeta, para que el primer edificio que reuniera a la
comunidad en Medina fuera una Casa de Al-láh, un centro de fe y el punto de partida para la educación, la enseñanza y la unión de los corazones.

Esto nos enseña que quien desee construir una vida recta debe comenzar por su relación con Al-láh. Una persona puede ocuparse de su trabajo, su hogar, sus estudios, sus trámites y sus negocios, y todo ello forma parte de los intereses legítimos de la vida. Sin embargo, no está permitido que estas ocupaciones sean a costa de la oración, el Corán, el conocimiento religioso y la rectitud del corazón.
La verdadera Hégira en la vida de cada uno de nosotros consiste en emigrar de la negligencia al recuerdo de Al-láh, de la despreocupación a la constancia, y de vivir únicamente para este mundo a mantener presente la Otra Vida en el corazón y en las decisiones.

Al-láh, Exaltado sea, describe esta bendita mezquita diciendo:
«construida con piedad ».
(Corán, 9:108)

Al-láh no elogió las piedras ni los muros, sino el fundamento sobre el que fue edificada.
Una mezquita bendita no lo es únicamente por la belleza de su construcción ni por la amplitud de su espacio, sino por la sinceridad, el seguimiento de la guía profética, la oración, el conocimiento, el recuerdo de Al-láh, la pureza y la misericordia entre las personas.
Por ello, cuando alguien entra en la mezquita, debe hacerlo con un corazón que busca acercarse a Al-láh, no con un corazón que busca disputas, ostentación o prestigio ante la gente.
Como complemento de este significado, Al-láh no mencionó solamente la mezquita, sino también a quienes la frecuentan:
« pues allí hay gente que desea purificarse, y Al-láh ama a quienes se purifican. ».
(Corán. 9:108)

La purificación aquí no se limita a la limpieza del cuerpo, la ropa y la ablución, aunque todo ello es necesario. Incluye también la purificación del corazón del politeísmo, la ostentación y la envidia; la purificación de la lengua de la mentira y la maledicencia; la purificación de los bienes de lo ilícito; y la purificación de las relaciones humanas de la injusticia y la traición.
Está confirmado acerca del mérito de la Mezquita de Qubá que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo:
«Quien se purifique en su casa y luego acuda a la Mezquita de Qubá y rece en ella una oración, tendrá una recompensa equivalente a una ‘Umrah».
(Relatado por Ibn Máyah y considerado auténtico por Al-Albani).

Este mérito especial de la Mezquita de Qubá nos recuerda un significado general y grandioso: que el camino hacia la mezquita comienza en el hogar; comienza con la ablución, con la intención sincera y con un corazón que desea la oración.

Entre las lecciones de la Hégira para nuestra realidad actual está hacer que la mezquita ocupe un lugar permanente en nuestras vidas y no solamente en ocasiones especiales. La mezquita no es un lugar donde rezamos y luego olvidamos, sino un espacio donde aprendemos nuestra religión, vinculamos a nuestros hijos con el Corán, encontramos compañía virtuosa, preguntamos por quien está ausente, consolamos al necesitado y cooperamos en la virtud y la piedad.

Quien está cerca de la mezquita está más cerca del arrepentimiento, del recuerdo de Al-láh, del conocimiento y de la reflexión sobre sí mismo.

Por ello, cada uno de nosotros debería preguntarse:
➢ ¿Qué lugar ocupa la mezquita en mi vida?
➢ ¿Tengo alguna oración que procuro realizar en ella regularmente?
➢ ¿Asisto a alguna clase para aprender mi religión?
➢ ¿He llevado a mi hijo o a mi hija a la Casa de Al-láh para que su corazón se apegue a la oración y al Corán?
➢ ¿Salgo de la mezquita con mejores modales hacia mi familia, siendo más honesto en mi trabajo y más misericordioso con quienes me rodean?

La mezquita fundada sobre la piedad no la construyen solamente los obreros; la construyen también los fieles con su sinceridad, los padres mediante la educación de sus hijos, los jóvenes con su presencia y las mujeres con su dedicación a la enseñanza de la familia y su vinculación con la religión.

Cada persona puede tener una participación en la prosperidad de la mezquita, aunque sea mediante una buena palabra, la asistencia a una clase, la enseñanza de un niño o interesándose por un hermano que ha dejado de asistir a la oración.

Este es el primer mensaje de las lecciones de la Hégira: que la construcción comienza en la Casa de Al-láh; que la reforma de la sociedad comienza con la reforma del corazón; y que la mezquita, cuando se fundamenta en la piedad, forma hombres y mujeres que aman la pureza y a quienes Al-láh ama.

Quien quiera extraer una lección práctica de la Hégira esta semana, que establezca para sí mismo y para su familia una relación constante con la mezquita: una oración que preserve, un conocimiento que aprenda, una clase a la que asista, un Corán que estudie o un servicio que preste. Pues quien acerca la mezquita a su vida, acerca la piedad a su corazón.

Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.