MUHAMMADصلى الله عليه وسلم , COMO ESPOSO: LA MISERICORDIA COMIENZA EN EL HOGAR

Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :
﴾ Y convivid con ellas de manera honorable.﴿
(Corán, 4: 19)

Siervos de Al-láh:
Continuamos juntos en este perfumado jardín, contemplando la vida de nuestro amado, nuestro ejemplo y nuestro intercesor el Día del Juicio Final, el Mensajero de Al-láh ,صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él.
Uno de los capítulos más hermosos de la biografía y de los más cercanos a nuestra vida cotidiana es entrar en su hogar ,صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él. No para conocer detalles privados, sino para aprender cómo
la profecía se manifiesta en el carácter cuando una persona cierra la puerta de su casa, y cómo la fe se convierte en misericordia cuando el esposo vive con su esposa lejos de las miradas de la gente.
Una persona puede mostrarse amable ante los demás durante horas, pero es en su hogar donde se manifiestan su paciencia, su tolerancia, su sinceridad y su buen carácter.


Por eso, el hogar del Profeta ,صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, fue una escuela de misericordia, afecto y ternura.
El Mensajero de Al-láh , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, estableció un criterio extraordinario para determinar quién es el mejor. No lo vinculó con la cantidad de palabras ni con la imagen que los demás perciben de una persona, sino que dijo:
“El mejor de ustedes es el mejor con su familia, y yo soy el mejor de ustedes con mi familia”.
Transmitido por At-Tirmidhi, de ‘Aishah, y considerado auténtico por Al-Albani.

Reflexionemos sobre este criterio: la mejor persona es aquella que mejor trata a su familia. Porque los miembros de la familia ven a la persona cuando está cansada, cuando se enoja y cuando las circunstancias se vuelven difíciles. La ven sin artificios ni formalidades. Por eso, el verdadero buen carácter no comienza en la calle, sino en el hogar.
Puede que un hombre sea tranquilo con sus compañeros, sonriente con sus invitados y amable con la gente, pero cuando entra en su casa cambia su tono de voz y se vuelve intolerante.

Aquí debemos preguntarnos:
¿Qué imagen de nosotros conocen nuestras familias?
¿Reciben de nosotros un trato mejor que el que reciben los extraños, o peor?
Una de las enseñanzas del Profeta صلى الله عليه وسلم,que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, es que liderar una familia no significaba que el hombre se sentara esperando que todos lo sirvieran.
A ‘Aishah, que Al-láh esté complacido con ella, le preguntaron:
—¿Qué hacía el Profeta صلى الله عليه وسلم, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, en su casa?
Ella respondió:
“Estaba al servicio de su familia, y cuando llegaba el momento de la oración, salía para realizarla”.

Transmitido por Al-Bujari, de ‘Aishah.

El Profeta صلى الله عليه وسلم, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, era el líder de una nación, cargaba con la responsabilidad de la predicación, la enseñanza y la recepción de delegaciones. Sin embargo, encontraba en su hogar un espacio
para servir a su familia.
Ayudar en la casa no disminuye la dignidad del hombre ni constituye una debilidad de su personalidad. Por el contrario, puede ser una forma de adoración y de buen trato hacia la esposa.

En un hogar donde sus miembros colaboran, disminuyen las quejas y aumenta el sentimiento de afecto y cercanía.
Entre los testimonios más importantes de ‘Aishah , que Al-láh esté complacido con ella,
está que el Profeta ,صلى الله عليه وسلمque la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, nunca convirtió la fuerza en una herramienta para hacer daño.
Ella dijo:
“El Mensajero de Al-láh ,صلى الله عليه وسلمque la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él,
jamás golpeó nada con su mano, ni a una mujer ni a un sirviente…”.

Transmitido por Muslim.

La verdadera fuerza no consiste en que los miembros de tu familia te tengan miedo, ni en que siempre tengas la última palabra porque tu voz sea más fuerte.
La verdadera fuerza consiste en dominarse a uno mismo cuando está enojado, y en ser capaz, aun teniendo la posibilidad de actuar con dureza, de elegir la ternura.

Esto no significa que en el hogar no existan desacuerdos. Es posible que surjan diferencias entre los esposos, pero existe una gran diferencia entre un desacuerdo que preserva la dignidad y uno que la destruye.
La vida matrimonial del Profeta ,صلى الله عليه وسلمque la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, tampoco consistía únicamente en órdenes y responsabilidades. En ella había cercanía, afecto, bromas y recuerdos hermosos.
‘Aishah ,que Al-láh esté complacido con ella, contó que durante un viaje estaba con el Profeta , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, y compitió con él en una carrera, y ella le ganó. Tiempo después volvieron a competir y esta vez él le ganó.
Entonces le dijo:
“Esta es por aquella”.

Transmitido por Abu Dawud, de ‘Aishah.

Es una escena sencilla, pero revela un aspecto extraordinario del hogar profético.
El Mensajero de Al-láh , صلى الله عليه وسلم que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, encontraba tiempo para jugar y bromear con su esposa, creando junto a ella un recuerdo que años después todavía podía provocar una sonrisa.
Nosotros, en ocasiones, permitimos que la presión del trabajo, los hijos, las facturas y el teléfono ocupen todo el espacio hermoso entre los esposos, hasta que toda conversación termina reducida a:
“¿Qué tenemos que comprar?”.
“¿Quién va a ir?”.
“¿Quién va a pagar?”.
“¿Qué hicieron los niños?”.

Y entonces la amistad desaparece del matrimonio.
Es parte de la Sunnah que entre los esposos permanezca un espacio de compañía, sonrisas y afecto, de una manera apropiada y que preserve el cariño entre ambos.
El Corán reunió todo esto en una sola palabra: el buen trato.
Al-láh, glorificado y exaltado sea, dice:
«Y convivid con ellas de manera honorable».
(Corán, 4:19).

El buen trato no consiste únicamente en proporcionar comida, vestimenta y manutención.
También incluye las palabras amables, el respeto por los sentimientos, la justicia, la paciencia, pasar por alto algunos errores, guardar los secretos y pedir disculpas cuando se comete una equivocación.
Del mismo modo, la esposa está llamada a mantener un buen trato, preservar el afecto y cumplir con los derechos de su esposo.
El hogar no lo construye una sola persona, sino dos, cada uno de los cuales busca acercarse a Al-láh mediante el buen compañerismo con el otro.

Siervos de Al-láh:
En nuestros hogares no necesitamos tanto grandes discursos como pequeñas virtudes que se repiten cada día: una palabra amable, una sonrisa, un agradecimiento, ayuda, una disculpa y paciencia en los momentos de enojo.
Una persona puede rezar en la mezquita, leer el Corán y abundar en el recuerdo de Al-láh, y estas son grandes formas de adoración. Pero uno de los frutos de esa adoración debe ser que regrese a su hogar siendo más misericordioso y teniendo un mejor carácter.
Si el aumento de nuestra adoración no nos hace más misericordiosos con las personas más cercanas a nosotros, debemos revisar el efecto que esa adoración está produciendo en nuestros corazones.
Tomemos de estas palabras una acción sencilla:
Cuando regresemos a nuestros hogares, no preguntemos solamente qué nos han dado nuestros familiares, sino también:
¿Qué les hemos dado nosotros?
¿Escuchan de nosotros palabras de agradecimiento, como las escuchan los extraños?
¿Ayudamos cuando vemos que están cansados?
¿Controlamos nuestra lengua cuando estamos enojados?
¿Ha quedado en nuestros hogares un espacio para conversar y sonreír?
Estas no son cuestiones pequeñas.

Con ellas se construye el afecto y con ellas nuestros hijos aprenden el significado del matrimonio y de la fe.
Y nos basta, para concluir este capítulo, con aquel criterio profético con el que
comenzamos:
“El mejor de ustedes es el mejor con su familia, y yo soy el mejor de ustedes con mi familia”.
Transmitido por At-Tirmidhi, de ‘Aishah.

Quien quiera conocer un aspecto de la sinceridad con la que sigue el ejemplo del Mensajero de Al-láh صلى الله عليه وسلم, que no se fije solamente en la imagen que muestra ante la gente, sino que observe también la imagen que tiene ante los ojos de los miembros de su familia.
¡Oh Al-láh! Mejora nuestros hogares, une nuestros corazones, concédenos ternura,
misericordia y un buen trato mutuo, y haz que nuestros hogares estén llenos de fe, afecto y tranquilidad.

Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.