“LA COMPLACENCIA CON AL-LÁH COMO SEÑOR “

Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.

Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo y enaltecido sea :

﴾ Todas las desgracias acontecen con el permiso de Al-láh. Quien crea en Al-láh, Él guiará su corazón [y comprenderá
que todo es parte del gran designio de Al-láh]. Al-láh tiene conocimiento de todas las cosas.﴿

(Corán, 64: 11)

Siervos de Al-láh: Una de las mayores razones que fortalecen el corazón ante los cambios y las pruebas de la vida es que el siervo se complazca con Al-láh como su Señor; es decir, que conozca a su Señor de un modo que le infunda confianza y que se someta a Su perfecta sabiduría con una entrega que no le haga abandonar El esfuerzo ni caer en la desesperación.

La complacencia no es un sentimiento pasajero que visita al ser humano únicamente cuando las cosas marchan bien, sino un acto de adoración del corazón que se manifiesta cuando un deseo se retrasa, cuando desciende una prueba o cuando Al-láh concede una bendición y el siervo sabe agradecerla.

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, صلى الله عليه وسلمdijo:
“Ha saboreado la dulzura de la fe quien se complace con Al-láh como Señor, con el Islam como religión y con Muhammad como Mensajero.”
(Transmitido por Muslim, n.o 34).

La dulzura de la fe no se alcanza hablando mucho de ella, sino que la experimenta quien llena su corazón de la certeza de que su Señor es más misericordioso con él que él mismo, conoce mejor su situación y es el más Sabio en todo lo que decreta.
La complacencia con Al-láh como Señor no significa que el siervo no sienta dolor.

El ser humano enferma, se entristece, pierde seres queridos y siente preocupación; todas estas son emociones naturales por las que no será reprochado. Sin embargo, el creyente no convierte su dolor en una disputa con su Señor, ni considera que el retraso de aquello que desea sea una señal de que Al-láh lo ha abandonado. Sabe distinguir entre el dolor que atraviesa el corazón y el descontento que objeta el decreto divino. Llora cuando le sucede algo que lo aflige, pero su lengua no pronuncia sino aquello que complace a Al-láh y su corazón se fortalece porque siente que jamás su pensamiento positivo de Al-láh se desdibuja, es decir, siempre piensa bien de su Señor.

A menudo el ser humano solo alcanza a ver una pequeña parte de la historia y piensa que aquello que le ocurrió es un mal absoluto. Sin embargo, con el paso del tiempo descubre manifestaciones de la bondad y la misericordia de Al-láh que jamás habría imaginado.

Y aunque en esta vida no llegue a comprender toda la sabiduría de lo sucedido, le basta con tener la certeza de que su Señor no es injusto ni obra sin sabiduría.

Al-láh, Exaltado sea, dice:
«Es posible que les disguste algo y sea un bien para ustedes, y es posible que amen algo y sea un mal para ustedes.
Al-láh conoce [todo], pero ustedes no..»

(Corán, 2:216).

Hermanos: entre los medios para educar el corazón en la complacencia está recordar frecuentemente a Al-láh, no como una simple repetición de palabras con la lengua, sino evocando Su grandeza, Su cercanía y Su infinita misericordia.
Cuando el pecho se oprime, el creyente dice: “Al-láh me basta”.

Cuando un asunto le resulta confuso, suplica a su Señor que elija para él lo mejor. Y cuando teme el futuro, recuerda que el futuro está en manos de
Al-láh y no en manos de las criaturas.
El ser humano no posee el mañana, pero sí puede corregir el hoy: realizar la oración a su debido tiempo, cumplir con sus obligaciones, mantener los lazos familiares, apartarse de lo que Al-láh ha prohibido y luego encomendar su mañana a su Señor. Así encuentra serenidad el corazón y el recuerdo de Al-láh se convierte en una fortaleza contra la angustia, en lugar de ser simplemente
unas palabras pronunciadas en los momentos de ocio.

Siervos de Al-láh: la verdadera complacencia no significa abandonar las causas. El enfermo busca tratamiento, el padre de familia se esfuerza por obtener un sustento lícito, el estudiante se dedica con empeño a aprender y quien comete un error procura corregirlo y pedir disculpas. Luego, si el decreto de Al-láh acontece de una manera distinta a la que deseaba, no se atormenta diciendo: “Si hubiera hecho tal cosa…”.

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, صلى الله عليه وسلمdijo: “Esfuérzate por aquello que te beneficia, busca la ayuda de Al-láh y no seas incapaz. Y si algo te sucede, no digas: “Si hubiera hecho esto o aquello”, sino di: “Al-láh lo decretó
y Él hace lo que quiere”, pues la palabra “si” abre la puerta a la obra de Satanás.”
(Transmitido por Muslim).

Este noble hadiz nos orienta hacia la acción beneficiosa, la búsqueda de la ayuda de Al-láh y la aceptación serena de aquello que escapa al control del ser humano.
Reflexionad también sobre el ejemplo del profeta Ayyub (Job), la paz sea con él. No se quejó ante la gente por descontento con su Señor, sino que invocó a Al-láh , Altísimo sea, con humildad y cortesía:
«En verdad, la desgracia me ha alcanzadoy Tú eres el más Misericordioso de los misericordiosos.»
(Corán, 21:83).

En pocas palabras reunió el reconocimiento de su debilidad y la alabanza a la inmensidad de la misericordia de Al-láh.
Luego Al-láh, Altísimo sea, informó acerca de Su respuesta:
«Respondí su invocación y lo curé de sus enfermedades, y le di nueva descendencia, multiplicándola como misericordia de Mi parte y como recuerdo para los adoradores devotos. »
(Corán, 21:84).

Por ello, quejarse ante Al-láh no contradice la complacencia; al contrario, constituye una de sus manifestaciones más perfectas, pues el siervo huye hacia su Señor y no de Él, y deposita toda su esperanza en Aquel que tiene el poder
de eliminar las aflicciones y modificar las circunstancias.

Hermanos: uno de los frutos de la complacencia con Al-láh es que también mejora nuestra relación con las personas. Quien sabe que los sustentos, las vidas y las capacidades están en manos de Al-láh, no envidia lo que poseen los demás, no desprecia a quien ha recibido menos y no convierte la comparación constante en la causa de su sufrimiento. Trabaja con dignidad, se alegra por el éxito ajeno y agradece las bendiciones que ya posee: la salud, la familia y la fe.

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, صلى الله عليه وسلمdijo:
“La verdadera riqueza no consiste en la abundancia de bienes materiales, sino en la riqueza del alma.”
(Hadiz acordado por Al-Bujari y Muslim).

La riqueza que preserva la dignidad no es únicamente la abundancia de posesiones, sino un corazón que no se esclaviza por aquello que perdió ni se corrompe por aquello que recibió.

Y una de las maravillas de la condición del creyente es que la complacencia reúne el agradecimiento en tiempos de prosperidad y la paciencia en tiempos de dificultad. La bendición no lo conduce a la negligencia, ni la adversidad lo arrastra a la desesperación.

El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, صلى الله عليه وسلمdijo:
“¡Qué admirable es el asunto del creyente! Todo cuanto le sucede es un bien para él, y esto no ocurre sino con el creyente: si le acontece algo agradable, agradece y eso es un bien para él; y si le sobreviene una dificultad, tiene paciencia y eso también es un bien para él.”
(Transmitido por Muslim).