
EL TRIUNFO GRANDIOSO Y CÓMO MANTENERNOS FIRMES EN TIEMPOS DE PRUEBAS
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Al-láh Altísimo dice:
“El demonio es para ustedes un enemigo,tómenlo como un enemigo; él seduce a sus seguidores para que sean de los moradores del Infierno.”(Corán, 35: 6)
Siervos de Al-láh, En la última Jutba hablamos sobre la realidad de nuestro primer enemigo:
el demonio, ese enemigo que declaró una guerra sin tregua contra los hijos de Adán.
Hoy pasamos de la etapa de “conocer al enemigo”a la etapa d “comprender su plan y prepararnos para enfrentarlo”. Porque el creyente inteligente y perspicaz no se conforma solo con saber quién es su enemigo, sino que estudia sus métodos, descubre a sus aliados y construye sus fortalezas.
Y vivimos, siervos de Al-láh, en una época en la que se multiplican las pruebas, donde se agitan las olas de las dudas y de los deseos. Una época en la que quien se aferra a su religión es como quien sostiene una brasa encendida.
Una época llena de distracciones y dispersión, hasta el punto de que la persona casi olvida su pregunta más importante, su objetivo supremo y su fin último, por el cual fue creado:
¿Seré de los triunfadores?
Esa es la pregunta que debe ocuparnos.
Porque el triunfo no es dinero ni bienes materiales, sino lo que el Corán definió con un versículo que hace estremecer los corazones:
“Quien sea salvado del Fuego e ingresado al Paraíso habrá realmente triunfado…”
(Corán, 3: 185).
Ese es un triunfo grandioso. Y todo lo que nos impide alcanzarlo, todo lo que corta nuestro camino hacia el Paraíso, es un obstáculo que debemos enfrentar con firmeza y rapidez.
Siervos de Al-láh:
Para llegar a nuestra meta debemos saber quién se interpone en nuestro camino. Se trata de un grupo compuesto por varios elementos, cada uno de ellos intentando desviarnos de alcanzar la meta suprema y el triunfo del Paraíso. Y quien encabeza a este grupo es el gran enemigo del que hablamos la semana pasada: el demonio, con sus métodos engañosos. Él no se presenta con su verdadera forma, sino que se infiltra con artimañas maliciosas a saber:
- Embellecer y justificar el mal:
Toma un deseo latente en el alma, como el amor al dinero, y embellece el camino prohibido para alcanzarlo. Así presenta la usura como “ganancias de inversión”, el soborno como “un regalo o atención”, y el engaño como “astucia en el comercio”.
Y Al-láh Altísimo dice:
“¿Acaso a quien [el demonio] le hizo ver sus obras malas como buenas [es comparable a quien
Al-láh ha guiado]?”(Corán, 35: 8)
- La postergacióny las falsas esperanzas:
El alma ama la comodidad y la pereza.
El demonio explota esto con su arma silenciosa y letal: “Luego”. Luego me arrepentiré, luego rezaré, luego leeré el Corán, luego visitaré a mis familiares…y él sabe que ese “luego”no es una palabra inocente, sino una estrategia para robar al ser humano lo más valioso que posee: su vida.
- Infundir miedo de todo menos de Al-láh:
El alma teme la pobreza, teme la opinión de la gente y teme perder beneficios. Entonces el demonio magnifica esos miedos para apartarla de obedecer a Al-láh.
- Lo asusta con la pobreza si da limosna:
“El demonio los atemoriza con la pobreza…”(Corán, 2: 268)
Y lo asusta con el rechazo social si se compromete con las órdenes de Al-láh.
- Sembrar enemistad y discordia:
El alma ama imponerse y defiende su honor. Así, ante cualquier diferencia entre dos hermanos, esposos o amigos, el demonio aviva el fuego del enojo, recuerda ofensas, alimenta la sospecha, y convierte un desacuerdo menor en ruptura, abandono y enemistad.
Nuestro Profeta (que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él) advirtió: “Verdaderamente, shaitán ha desistido de que le adorenen la península arábiga, sin embargo introduce la corrupción y la separación en sus corazones.”(Muslim)
Y no olvides, hermano musulmán, que el demonio tiene aliados que colaboran con él para extraviarte:
1.El alma que ordena el mal:
Es el rival interno que habita en nuestro interior. No es un enemigo al que debamos destruir, sino uno al que debemos educar y purificar. Ella se inclina y desea, y el demonio aprovecha esas inclinaciones. El trato con ella debe ser de disciplina y educación: educarla en la obediencia a Al-láh, frenar sus pasiones y ocuparla con la verdad antes de que nos ocupe con la falsedad.
2.El compañero perverso:
Es el demonio humano que completa la misión del demonio invisible. Minimiza la gravedad del pecado, te anima a cometer el mal y te frena de hacer el bien.
Este aliado no requiere educación, sino una decisión rápida y firme: alejarse y abandonarlo.
La seguridad de tu religión y tu corazón es más valiosa que cualquier relación que te arrastre a la ira de Al-láh. O lo cambias guiándolo, o lo cambias reemplazándolo. Para enfrentar a esta alianza, es imprescindible apoyarnos en Al-láh Altísimo, pararnos con sinceridad ante nosotros mismos, y reconocer que estamos ante un frente fuerte y astuto.
Al-láh Altísimo nos recuerda nuestra realidad:
“El ser humano fue creado con una naturaleza débil”(Corán, 4: 28).
Débil en conocimiento, débil en voluntad, débil en paciencia. Entonces, ¿cómo un débil como tú y yo puede enfrentar todo esto solo?
Ahí está la clave del triunfo grandioso: comprender que no es nuestra lucha personal, sino una batalla en la que pedimos la fuerza de Al-láh frente a nuestra debilidad, su apoyo frente a nuestra soledad y su ciencia frente a nuestra ignorancia. La victoria no es con tu fuerza, sino con tu confianza y refugio en Al-láh.
Desde esta comprensión construimos nuestros medios de firmeza en estos tiempos difíciles:
1.Claridad de objetivo:
La mayor fortaleza es tener tu meta clara como el sol. Haz de la aleya “Quien sea salvado del Fuego e ingresado al Paraíso habrá realmente triunfado”la brújula de tu vida. Antes de abrir una aplicación, sentarte en una reunión o aceptar una amistad, pregúntate: ¿Esto me acerca a mi meta de alcanzar el triunfo grandioso o me aleja de él?
2.Cuidar lo que entra en tu corazón:
Las pruebas de hoy llegan a través de nuestras pantallas y penetran en corazones y mentes sin permiso. Así como proteges tu cuerpo de la comida envenenada, protege tu corazón del contenido tóxico.
Esto requiere una decisión valiente:
Deja de seguir cuentas que publican lo que enoja a Al-láh. Sal de grupos que malgastan tu tiempo en habladurías. Sustituye aplicaciones inútiles por otras que te recuerden a Al-láh o te enseñen un conocimiento beneficioso. Sé tú quien controla lo que entra en tu mente, no un consumidor distraído.
3.Crear un entorno de fe:
Si la corriente es fuerte, no nades solo contra ella: súbete al barco de los justos.
En este tiempo no basta con ser bueno, hay que buscar y construir un ambiente de bondad:
Haz de tu hogar un oasis de fe, llénalo de Corán y recuerdo de Al-láh, no de música y distracción.
Busca compañeros que te recuerden si olvidas y te fortalezcan si flaqueas, aunque sean pocos.
Haz de la mezquita tu refugio: huye del ruido del mundo hacia la serenidad de las casas de Al-láh, que son fortalezas de la fe.
4.Conexión directa con Al-láh:
Esta es la fuente de energía inagotable. No es solo una oración que realizas, sino un encuentro sincero ante Al-láh.
Ten un momento en la quietud de la noche, aunque sea con dos rak‘at, en el que converses con tu Señor, le muestres tu debilidad y le pidas fuerza. Las flechas de la noche nunca fallan.
Y confía en Él de verdad: toma todos los medios anteriores y después entrega tus cargas a Al-láh, convencido de que Él no te abandonará.
Siervos de Al-láh, el camino al Paraíso está claro, los obstáculos identificados y las vías de salvación expuestas. Todo comienza con una decisión sincera: que tu triunfo grandioso sea tu meta sin otra después de ella, y con un refugio sincero en Al-láh, reconociendo tu debilidad y confiando solo en Su poder.
Y que la paz y las bendicionesde Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.
