
LOS SECRETOS Y VALORES DEL HAYY (PEREGRINACIÓN)
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Dice Al-láh, Altísimo sea :
﴾ Convoca a la gente a realizar la peregrinación; vendrán a ti a pie o montados, desde todo lugar apartado”. Para que sean testigos de todas las gracias [de la peregrinación y la casa de Al-láh],
y recuerden el nombre de Al-láh en los días consabidos. ﴿
(Corán, 9: 36)
Siervos de Al-láh:
¿Cuál es el secreto de este llamado hacia el cual se inclinan los corazones antes que los pies?
¿Qué es lo que hace que millones de personas, pese a sus diferentes lenguas, colores y países, se dirijan hacia un mismo lugar, respondiendo a un mismo llamado y vistiendo una misma vestimenta?
Es el llamado de Ibrahim (Abraham), la paz sea con él, que proclamó entre la gente, y que las almas escucharon antes que los oídos.
Hermanos: el Hayy no es solamente un viaje del cuerpo, sino una escuela que educa el corazón, corrige la conducta y reorganiza las prioridades.
Es un reajuste de los valores supremos que deben reflejarse en la vida del musulmán: los valores del monoteísmo, el sacrificio, la hermandad y la igualdad.
Cada uno de nosotros debe salir con mensajes claros y beneficiosos de esta majestuosa escena: la escena del Hayy hacia la Casa Sagrada de Al-láh.
La primera enseñanza es que el Hayy es una proclamación mundial del monoteísmo: no hay divinidad con derecho a ser adorada excepto Al-láh, no hay intención sino para Su rostro, ni engrandecimiento sino para Su mandato.
Por ello, el criterio de salvación se centra en la pureza del corazón de toda idolatría, ostentación y pasiones desviadas.
Al-láh, Altísimo, dice en palabras de Su amado Ibrahim, la paz sea con él:
{Y no me humilles el Día de la Resurrección, el día en que de nada servirán las riquezas ni los hijos, y solo estará a salvo quien se presente ante Al-láh con un corazón puro.}
(Corán, 26: 87-89)
Así como el peregrino eleva su voz diciendo: “Aquí estoy, ¡oh Al-láh!, aquí estoy”, se nos exige a todos traducir esta respuesta en nuestras vidas: sinceridad en la oración, honestidad en el trabajo, fidelidad en el trato y abandono de la ostentación y la búsqueda de fama.
Quien engrandece los rituales en su corazón, engrandece también las órdenes de Al-láh en su hogar, en su comercio y en su trabajo.
La segunda enseñanza es que nuestra religión es una religión de sacrificio… y que la obediencia debe anteponerse a la comodidad.
Quien contempla las dificultades del Hayy comprende que la religión no es solo palabras, sino obediencia que se ofrece, paciencia que se soporta, gastos que se realizan y deseos que se abandonan.
La cumbre del sacrificio se manifestó en la prueba de Ibrahim, la paz sea con él, el amado de Al-láh cuando ambos (Ibrahim y su hijo Ismail) se sometieron a la orden de Al-láh Altísimo.
Al-láh, Altísimo, dice:
{Cuando ambos se resignaron, y [Abraham] le puso la frente [contra el piso a Ismael para sacrificarlo], Lo llamé: “¡Oh, Abraham!Has cumplido con lo que viste [en tus sueños]. Así recompenso a los que hacen el bien” }.
(Corán, 37: 103-105)
Y Al-láh nos recuerda que lo importante no es solo la apariencia del rito, sino la verdadera piedad:
{Ni su carne ni su sangre llegan a Al-láh, sino que lo que llega a Él es vuestra piedad}.
(Corán, 22: 37)
¿Qué sacrificio es mayor que abandonar un pecado al que estabas acostumbrado por causa de Al-láh? ¿O renunciar a una palabra hiriente para preservar el honor de un musulmán? ¿O entregar de tu riqueza y tu tiempo a tus padres, tu familia, el pobre y el necesitado?
El Hayy nos enseña que el camino hacia Al-láh requiere un alma que prefiera lo que está junto a Al-láh por encima de sus propios deseos.
La tercera enseñanza es la hermandad y la igualdad… una sola comunidad en una sola escena.
En el Hayy ves lo que no ves en otro lugar: ricos y pobres, árabes y no árabes, blancos y negros… reunidos en un mismo lugar, con una misma vestimenta y una misma súplica.
Como si Al-láh enseñara a la humanidad una lección práctica: la nobleza no se mide por títulos ni riquezas, sino por la piedad.
Al-láh, Altísimo, dice:
{Ciertamente, el más noble de vosotros ante Al-láh es el más piadoso}.
(Corán, 49: 13)
Y si este año no realizas el Hayy, también puedes obtener parte de su espíritu: reconcilia a las personas, arranca la arrogancia de tu corazón, no menosprecies a ningún musulmán, Devuelve los derechos a sus dueños, combate la injusticia cuanto puedas y suplica por los musulmanes en ausencia; esa es una hermandad que agrada a Al-láh.
Y no olvides, hermano musulmán, que el Hayy nos enseña la paciencia y el control de la lengua.
Al-láh, Altísimo, dice:
{La peregrinación se realiza en meses conocidos; quien se comprometa en ellos a realizar el Hayy,
que no tenga relaciones maritales, ni cometa pecados, ni discuta durante el Hayy}.
(Corán, 2: 197)
Y el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo:
“Quien realice el Hayy sin cometer obscenidades ni pecados, regresará como el día en que su madre lo dio a luz”.
Siervos de Al-láh:
Estos son los secretos del Hayy que necesitamos cada día: un monoteísmo que purifica el corazón, un sacrificio que eleva las obras, una hermandad que reforma la sociedad y una paciencia que purifica el alma.
Quien regrese con estos significados habrá tomado la provisión del Hayy, aunque no haya estado en ‘Arafah.
¡Oh Al-láh! Concédenos sinceridad en las palabras y en las acciones, guíanos hacia los mejores modales, pues nadie guía hacia ellos excepto Tú, y aparta de nosotros los malos modales, pues nadie los aparta excepto Tú.
¡Oh Al-láh! Concédenos la peregrinación a Tu Casa Sagrada a quienes tengan posibilidad de realizarla; acepta el Hayy de los peregrinos, perdona sus pecados, haz que su peregrinación sea aceptada, su esfuerzo agradecido y sus faltas perdonadas.
¡Oh Al-láh! Reforma la situación de los musulmanes, une sus palabras sobre la verdad, une sus corazones y perdónanos a nosotros, a nuestros padres y a todos los musulmanes.
Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.
