
“EL CONCEPTO DE LA POSITIVIDAD EN LA VIDA DEL MUSULMÁN”
Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.
Prosiguiendo:
Siervos de Al-láh, Al-láh Altísimo, dice:
« [¡Musulmanes!] Son la mejor nación que haya surgido de la humanidad porque ordenan el bien, prohíben el mal y creen en Al-láh. » (Corán, 3:110)
Ciertamente, este gran versículo pone en nuestras manos un secreto entre los secretos de la felicidad y del éxito: la positividad.
No se trata solo de palabras, sino de un espíritu que hace del musulmán cual vela que ilumina en la oscuridad y como una mano que siembra.
El musulmán positivo es quien transforma la tristeza en alegría y la prueba en un don. No lo quiebra la desesperanza de la gente ni lo detiene la pereza de los inactivos; por el contrario, avanza confiado en un Señor Generoso que decretó las provisiones cincuenta mil años antes de crear los cielos y la tierra.
La positividad, hermanos, no es huir de una realidad difícil que vivimos endistintos ámbitos, sino un método realista que el musulmán adopta y construye sobre bases y fundamentos.
El primero de ellos es: la seguridad psicológica
El Corán nos presenta un ejemplo psicológico maravilloso e impactante para comprender la diferencia entre dos tipos de personas.
Dice Al-láh Altísimo:
«Al-láh les expone otro ejemplo [para que reflexionen acerca de Su unicidad]: ¿Acaso pueden equipararse dos personas: un incapaz y mudo que no hace nada bien y representa una carga para su tutor, y una persona que alza su voz para defender la justicia y está en el sendero recto? »
(Corán, 16:76)
Reflexionen sobre la palabra “carga”; describe al ser humano negativo como un peso y una molestia para quienes lo rodean: no pronuncia el bien ni produce acción alguna, sino que se ahoga en culpar a las circunstancias y en la queja constante.
En cambio, el positivo posee seguridad interior; sabe que todo su asunto está en manos de Al-láh, como dijo el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él:
“¡Qué asombroso es el asunto del creyente! Todo su asunto es un bien para él, y esto no es para nadie sino para el creyente: si le alcanza una alegría, agradece , y es un bien para él; y si le alcanza una adversidad, es paciente y es un bien para él”
(Sahih Muslim)
Segundo: el espíritu de iniciativa
La verdadera positividad consiste en no esperar a que las circunstancias mejoren, sino en ser nosotros quienes produzcamos la mejora con la ayuda de Al-láh.
Miren al noble compañero ‘Abd ar-Rahmán ibn ‘Awf (que Al-láh esté complacido con él): cuando llegó a Medina como emigrante, extraño y sin poseer un solo dírham ni bienes, los Ansar (Los socorredores) le ofrecieron compartir su dinero y sus casas. ¿Qué hizo este héroe de la positividad? No se apoyó en la ayuda, sino que pronunció una frase que la historia inmortalizó:
“Que Al-láh bendiga vuestros bienes, pero indíquenme dónde está el mercado”.
Actuó la mentalidad de iniciativa, comenzó con el trabajo disponible y llegó a ser uno de los grandes ricos.
Así también actuó el “hombre de Ya-Sin” mencionado en el Corán:
« Entonces llegó desde un extremo de la ciudad un hombre corriendo, que dijo:
“¡Oh, pueblo mío! Sigan a los Mensajeros. »
(Corán, 36:20)
No lo perturbó ni se ocupó de que estaba solo en el camino de la verdad, sin apoyo, ni de que vivía lejos de la gente; más bien, tomó la iniciativa, recorrió largas distancias y cumplió con su deber.
Tercero: hacer lo que está al alcance y no dejarse dominar por las circunstancias.
Con frecuencia nos sumergimos en la ansiedad por el futuro y por las preocupaciones materiales. El remedio profético es transformar esa preocupación en una pequeña misión.
Dice el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él:
“Cuando uno de ustedes tenga en la mano una semilla para plantarla y llegue el fin del mundo, que la plante mientras pueda” (As-Silsila As-Sahiha, Al-Albani)
¡Imaginen! Llega la Hora y el universo termina, y aún así el Mensajero de Al-láh nos ordenó trabajar y ser positivos. En lugar de la ansiedad, comienza a plantar “una semilla” en tu día: una palabra amable, el mantenimiento de los lazos familiares o un trabajo sencillo con el que ganes tu sustento.
Cuarto: la positividad social.
Uno de los tipos más peligrosos de negatividad es el pesimismo social y la desesperanza respecto a la gente.
El Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, nos advirtió de ello cuando dijo:
“Si un hombre dice: ‘La gente está perdida’, él es quien más los ha destruido”
(Sahih Muslim)
El musulmán positivo no difunde desánimo, sino esperanza. Si escasean las provisiones, recuerda lo que el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo al hombre pobre: “Ve y recoge leña”.
Y si ves rostros con el ceño fruncido, recuerda su dicho, que la paz y las
bendiciones de Al-láh sean con él:
“Tu sonrisa ante tu hermano es una caridad”
(Jami‘ At-Tirmidhi)
Siervos de Al-láh, la positividad es una decisión que tomas cada mañana: ser una llave del bien y un cerrojo para el mal, buscando la ayuda de Al-láh y sin rendirte.
El creyente fuerte, con su positividad y su certeza, es mejor y más amado por Al-láh que el creyente débil con su negatividad y su desesperanza.
La positividad no es un lujo intelectual, sino la cuerda de salvación a la que nos aferramos en las tormentas de la vida. No miren lo que han perdido, sino lo que aún tienen entre sus manos de las bendiciones de Al-láh. Sean como la lluvia: donde cae, beneficia. Y sepan que Al-láh no cambia la condición de un pueblo hasta que ellos cambien lo que hay en sus corazones.
Oh tú, a quien se le ha estrechado la vida, y tú que estás cansado de tus preocupaciones: busca la ayuda de Al-láh y no te rindas; ponte a la puerta del Proveedor y planta tu semilla. El amanecer llegará sin duda, y con la dificultad viene la facilidad.
Comienza tu día con una palabra amable para ti y para tu familia, y haz la intención de ser hoy una llave del bien.
No mires el tamaño del gran problema (la preocupación), sino pregúntate: ¿cuál es el acto pequeño y sencillo que puedo hacer ahora mismo?
Aléjate de los círculos donde abunda el discurso pesimista sobre la “perdición de la gente” o la queja constante, y sustituyelos por reuniones de quienes recuerdan a Al-láh y toman la iniciativa.
Comprométete a que la gente no te vea sino sonriente, pues la sonrisa es el “mensaje psicológico” con el que anuncias al mundo que estás complacido con tu Señor.
Muévete y esfuérzate en la búsqueda de tu sustento, aunque sea con lo más sencillo que esté a tu alcance, con la plena certeza de que el Proveedor es Al-láh.
Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con
Su siervo y mensajero Muhammad.
