Jutbah del día viernes 9 de Enero de 2026 correspondiente al 20 de Rayab de 1447 h.

 Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.

Prosiguiendo:

Siervos de Al-láh:

Dice Al-láh el Altísimo :

«El día en que de nada servirán las riquezas ni los hijos, y solo estará a salvo quien se presente ante Al-láh con un corazón puro.» 
(Corán, 26: 88-89)

Siervos de Al-láh: ciertamente este corazón es el centro de la fe y el lugar al que Al-láh ve en el ser humano, tal como dijo el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él: 

“Al-láh no mira vuestras apariencias ni vuestros bienes, sino que mira vuestros corazones y vuestras obras” 
(Relatado por Muslim)

Por ello, lo primero que debemos preocuparnos por purificar no son nuestrasmanos ni nuestras casas, sino nuestros corazones. Aunque sea necesario atender lo demás, ¡cuántas personas se esmeran en la salud de su cuerpo y en su alimentación, y olvidan el alimento del corazón, que es la fe, el temor y el recuerdo de Al-láh!

Y si nos preguntamos cómo cuidar este corazón y cómo purificarlo, la respuesta está en quitar de él toda enfermedad que lo corrompe, como la soberbia, la envidia, la ostentación y el amor excesivo por la vida mundanal; y luego llenarlo de aquello que le da vida, como la sinceridad, el arrepentimiento, la complacencia y el recuerdo de Al-láh, Altísimo. 

Es un proceso continuo que requiere seguimiento y mantenimiento permanente, del mismo modo que cuidamos nuestros cuerpos y nuestras acciones.

El proceso de purificación del corazón pasa por tres etapas principales:

La primera es el diagnóstico: 

Conocer lo que hay en tu corazón. 

No se puede tratar al enfermo antes de conocer la enfermedad. Que cada uno de nosotros se siente consigo mismo al final del día y se pregunte con sinceridad: ¿qué es lo que llena mi corazón? ¿El amor a Al-láh y a Su complacencia, o el amor al dinero, a la apariencia y al estatus?

Las enfermedades del corazón tienen muchas señales, hermanos míos, entre las más importantes están: la dureza del corazón al escuchar el Corán, el desgano en la oración, el exceso de descontento, fijarse en los defectos de los demás olvidándose de los propios. 

Dice Al-láh, Altísimo: 

¿Acaso [los que se niegan a creer] no viajan por el mundo, y no tienen intelecto para reflexionar, ni oídos? No son sus ojos los que están ciegos, sino los corazones que están dentro de sus pechos [los que están ciegos]. 
(Corán, 22: 46)

La segunda etapa es la limpieza (despojarse de los defectos): 

Y la herramienta más importante para ello es el pedido de perdón consciente y sincero, no con una lengua rutinaria, sino sintiendo el arrepentimiento y revisando el día con todos sus detalles: en qué fallaste, a quién oprimiste o en qué fuiste negligente. 

Unos minutos por la noche bastan para levantar el velo del corazón. 
Dijo el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él: 

“Ciertamente se nubla mi corazón, y yo pido perdón a Al-láh cien veces al día” 
(Relatado por Muslim)

Entre las herramientas de esta depuración está abandonar la envidia y el rencor, pues la envidia es un fuego que consume primero el corazón de quien la alberga antes de alcanzar a los demás. Su remedio es suplicar por la bendición para aquel a quien Al-láh ha favorecido. 

Asimismo, luchar contra la ostentación renovando la intención cada día, para que tu obra sea solo para Al-láh, no por la mirada ni el elogio de la gente. 

Dice Al-láh, Glorificado sea:

“Y no se les ordenó sino que adoraran a Al-láh, siendo sinceros con Él en la religión, apartándose de toda falsedad” 
(Corán, 98: 5)

La tercera etapa es el embellecimiento (llenar el corazón de obediencia): 

Cuando limpiamos el corazón de los pecados, se llena de fe. Entre los medios más importantes para cultivarlo están:

La reflexión profunda sobre el Corán; no multipliques las recitaciones de forma mecánica, sino concéntrate en preguntarte en cada aleya: ¿qué quiere Al-láh de mí con este versículo? Una sola aleya reflexionada con sinceridad transforma el corazón más que una lectura rápida de una sura completa. 

Dice Al-láh, Altísimo: 

“Este Libro que te revelo [¡Oh, Muhámmad!] encierra grandes bendiciones, para que mediten sobre sus signos y reflexionen los dotados de intelecto.” 
(Corán, 38: 29)

Asimismo, el recuerdo frecuente de Al-láh, pues reaviva el corazón como una brisa perfumada reanima el cuerpo cansado. Es un mantenimiento diario que impide la acumulación de la negligencia, conforme a la palabra de Al-láh: 

“Los corazones de los creyentes se sosiegan con el recuerdo de Al-láh. ¿Acaso no es con el recuerdo de Al-láh que se sosiegan los corazones?” 
(Corán, 13: 28)

Entre ello está también recordar la muerte, tener presente que el final está cerca y que todo lo que vemos de los bienes de este mundo es pasajero. 
Este recuerdo pone las cosas en su justa medida y devuelve el equilibrio al alma.

Y también bajar la mirada y cuidar el oído, pues el corazón se contamina con lo que entra a través de los ojos y los oídos. Reduce aquello que recibes de imágenes y palabras que no aumentan tu fe; el corazón es como un recipiente: si lo llenas de lo inútil, no queda espacio para lo beneficioso.

Hermanos y hermanas: si el siervo se compromete con este mantenimiento diario del corazón, con el pedido de perdón, el recuerdo y la reflexión, su corazón se iluminará con la luz de la fe y sentirá la serenidad que Al-láh prometió a los creyentes sinceros:

“Él es Quien hizo descender la serenidad en los corazones de los creyentes.”

La purificación del corazón se refleja en el rostro, en la conducta, en el hogar y en el trabajo, hasta que su dueño se convierte en una fuente de tranquilidad para quienes lo rodean.

Le pedimos a Al-láh que nos conceda corazones puros y limpios que Lo conozcan, Lo amen y Lo teman; que haga nuestras obras sinceras anhelando Su rostro. 

Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con nuestro Profeta Muhammad, con su familia y con todos sus compañeros.

Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con 
Su siervo y mensajero Muhammad.