“LA FE TIENE MÁS DE SETENTA PARTES”

Las alabanzas pertenecen a Al-láh, Único sin asociados, atestiguo que no hay nada ni nadie con derecho a ser adorado excepto Al-láh y atestiguo que Muhammad es Su siervo y mensajero, Señor nuestro bendice a nuestro Profeta Muhammad, su familia, sus nobles compañeros y a todos sus seguidores hasta el día del Juicio Final.

Prosiguiendo:

Siervos de Al-láh, Al-láh Altísimo, dice:

«Los creyentes son aquellos que cuando les es mencionado el nombre de Al-láh  sus corazones se estremecen, y que cuando les son recitados Sus versículos  les aumenta la fe y se encomiendan a su Señor.» (Corán, 8: 2)

Siervos de Al-láh: 

la fe no es solo una palabra pronunciada con la lengua ni una creencia que habita en el corazón, sino una realidad viva que se refleja en nuestra conducta y en nuestras acciones cotidianas.  La fe que creemos debe vivirse en todos los aspectos de nuestra vida.

Pero ¿cómo vivimos esta fe? La fe tiene ramas y cualidades, y el Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, nos explicó algunas de ellas. 

De Abu Huraira (que Al-láh esté complacido con él), el Mensajero de Allah,  que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él, dijo: «La fe tiene más de setenta -o más de sesenta- ramas; la mejor de ellas es decir: “No hay divinidad excepto Al-láh”,  y la más baja es quitar algo dañino del camino,  y el pudor es una rama de la fe». (Muslim)

Primero: La fe es palabra y acción -la mejor de ellas-: “No hay divinidad excepto Al-láh”

La más elevada de las ramas de la fe es la base de nuestra religión sencilla: decir “No hay divinidad excepto Al-láh”. 

Es el monoteísmo puro que libera el corazón del politeísmo y hace que toda adoración sea solo para Al-láh.  Este es el primer principio en nuestra guía práctica hacia el Paraíso, que se centra en corregir la creencia, la intención y la sinceridad.

La sencillez de la fe radica en que el corazón crea firmemente en esta palabra y que los miembros del cuerpo actúen conforme a ella, cumpliendo con los cinco pilares del islam, que no resultan difíciles ni agotadores, pues Al-láh dijo:

«Al-láh desea facilitarles las cosas y no dificultárselas… »  (Corán, 2:185).

Segundo: La fe es comportamiento y solidaridad – la más baja-: quitar algo perjudicial del camino.

Las ramas de la fe no se limitan a los actos de adoración, sino que también abarcan las relaciones y conductas sociales. Así como el islam dio gran importancia al monoteísmo, también la dio a lo más sencillo de la vida cotidiana: “quitar algo perjudicial del camino”. 

Esta rama aparentemente pequeña representa un principio grandioso en nuestra religión: el principio del beneficio mutuo. Cualquier bien, por pequeño que sea, que hagas para ti o para los demás, lo encontrarás ante Al-láh como algo mejor y de mayor recompensa, como dice el Altísimo:

«Toda obra de bien que hagan será en favor de ustedes,  y Al-láh los recompensará grandemente.»  (Corán, 73: 20).

La fe te impulsa a ser activo y positivo entre la gente: con una palabra  amable, una caridad sencilla o un trabajo bien hecho.

Tercero: La fe es moral y modestia – la modestia- es una rama de la fe.

Entre las ramas esenciales de la fe está la modestia (al-ayā’). 

La modestia no es debilidad ni timidez, sino una virtud que impide hacer lo indecente y motiva a hacer lo bello. 

Es la vigilancia interior que te lleva a apartar la mirada de lo prohibido, a proteger tu lengua de la murmuración y la calumnia, y a evitar los pecados mayores.

Esta rectitud moral es fruto de una fe viva y constituye la aplicación práctica del dicho del Profeta, que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con él:

«Ciertamente la religión es fácil, y nadie la exagera en ella sin que termine  vencido por ella misma» 

(Saḥīḥ al-Bujari).

El pudor te facilita apartarte del pecado y te acerca a la obediencia sin rigidez ni dificultad.

Siervos de Al-láh: el Paraíso no está reservado solo para quienes realizan grandes actos de adoración, sino que está abierto para quienes viven la fe en todas sus ramas: desde su grado más alto -el monoteísmo- hasta el más sencillo -quitar algo perjudicial del camino-, pasando por la rectitud moral -la modestia-.

Por tanto, comiencen por purificar la intención, mantengan las obligaciones, eviten los pecados mayores y no menosprecien ningún acto de bien, por pequeño que sea, pues con la constancia en estas pequeñas ramas se alcanza el gran triunfo.

Y que la paz y las bendiciones de Al-láh sean con 
Su siervo y mensajero Muhammad.